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San Lorenzo de Brindisi (1559-1619), capuchino, doctor de la Iglesia

Sermón para el 22 domingo después de Pentecostés

Ser imagen de Dios

“Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.” Hay que dar a cada uno lo que le toca. He aquí una palabra llena de sabiduría y de ciencia celestial. Nos enseña que hay dos maneras de poder, el uno terreno y humano, el otro del cielo y divino... Nos enseña que debemos atenernos a dos obediencias, una a las leyes humanas y la otra a las leyes divinas... Hay que pagar al César la moneda que lleva su efigie y la inscripción del César, a Dios lo que ha sido sellado con el sello de su imagen y semejanza: “Haz brillar, Señor, sobre nosotros la luz de tu rostro.” (Sal 4,7)

     Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26). Eres hombre, ¡oh cristiano! Eres la moneda del tesoro divino, una moneda que lleva el sello y la inscripción del emperador divino. Por tanto, pregunto con Cristo: “¿De quién son esta imagen y esta inscripción?” Tú respondes: “De Dios.” Yo te respondo: ¿Por qué, entonces, no das a Dios lo que es suyo?”

     Si queremos ser realmente imagen de Dios, debemos asemejarnos a Cristo, ya que él es la imagen de la bondad de Dios y la “impronta de su ser”. (Hb 1,3) Y Dios “nos ha destinado a ser imágenes de su Hijo” (Rm 8,29). Cristo dio al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Observó de manera perfecta los preceptos que contienen las tablas de la ley divina “haciéndose obediente hasta la muerte en cruz” (cf Fl 2,8) y así fue levantado a lo más alto de los cielo.

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